La escalada del conflicto en Oriente Medio amenaza el despliegue de infraestructuras de Inteligencia Artificial

La guerra en Oriente Medio y su impacto en los mercados energéticos globales amenaza con ser un riesgo para el desarrollo de la Inteligencia Artificial (IA). Según la Organización Mundial del Comercio (OMC), un aumento sostenido de los precios del petróleo podría ralentizar un sector que ya concentra gran parte de la inversión tecnológica mundial.


La evolución del conflicto en Oriente Medio, con implicación directa de Israel y Estados Unidos e Irán, también traslada sus efectos más allá del ámbito geopolítico. El encarecimiento de la energía, derivado de las tensiones en la región, amenaza a frenar el despliegue de infraestructuras de Inteligencia Artificial, uno de los motores de las inversiones en Tecnologías de la Información.

La OMC advierte que el encarecimiento del petróleo y el gas podría frenar las inversiones en Inteligencia Artificial, altamente dependiente de la energía

Así, según Robert Staiger, economista jefe de la OMC y director de la División de Estudios Económicos y Estadística (ERSD), un escenario prolongado de precios elevados de la energía “podría frenar el auge de la IA”, una tecnología con una demanda creciente de electricidad y recursos informáticos. La advertencia llega en un momento en el que la carrera por el desarrollo de modelos avanzados de IA está impulsando inversiones masivas en centros de datos y capacidad de procesamiento.

El factor energético: un cuello de botella emergente

El impacto de la crisis energética sobre la IA no es algo menor: los centros de datos, como infraestructuras esenciales para el entrenamiento y despliegue de modelos de IA, consumieron en 2024 en torno al 1,5% de la electricidad mundial. De ese total, la Inteligencia Artificial representó aproximadamente el 0,23%, una cifra que ha aumentado significativamente durante el pasado año.

De hecho, este consumo intensivo convierte a la IA en especialmente vulnerable a la volatilidad energética: en el corto plazo, muchos operadores de centros de datos siguen dependiendo de combustibles fósiles para garantizar el suministro, lo que amplifica el efecto de cualquier subida en los precios del petróleo o del gas.

El conflicto ha provocado ya incrementos significativos: el petróleo ha subido más de un 50% y el gas natural licuado (GNL) ha duplicado su precio. Estas tensiones están directamente relacionadas con la posición estratégica de Irán, que controla el Estrecho de Ormuz, una vía clave por la que transita aproximadamente el 25% del petróleo marítimo mundial y el 20% del GNL.

Inversión concentrada y riesgos de mercado

Más allá del impacto operativo, la OMC introduce un segundo elemento de incertidumbre: la estructura de la inversión en IA. Según sus estimaciones, hasta el 70% del crecimiento de la inversión en Norteamérica en los tres primeros trimestres del año pasado se concentró en activos relacionados con esta tecnología.

Este nivel de concentración, unido a la dependencia energética, eleva el riesgo sistémico. Staiger advierte de que la tecnología aún no ha demostrado plenamente su retorno económico, lo que añade incertidumbre sobre la sostenibilidad del actual ciclo inversor.

El paralelismo histórico es significativo: antes de la crisis financiera de 2008, el crecimiento de la inversión estaba dominado por el sector inmobiliario, que representaba alrededor del 30%. La IA, en cambio, concentra actualmente una proporción mucho mayor del capital en juego.

Impacto macroeconómico y comercio global

El encarecimiento de la energía no solo afecta al sector de las TIC. La OMC prevé que el crecimiento del comercio mundial, que alcanzó el 4,6% en 2025 pese a tensiones comerciales como los aranceles impulsados por Donald Trump, se desacelere de forma notable.

Antes del conflicto, la previsión para el año en curso era del 1,9%. Sin embargo, si los precios energéticos se mantienen elevados durante un periodo prolongado, el crecimiento podría reducirse hasta el 1,4%.

Este contexto añade presión a las empresas tecnológicas, que ya operan en un entorno de costes crecientes y mayor escrutinio sobre la rentabilidad de sus inversiones en IA.

Un crecimiento condicionado por la energía

El desarrollo de la Inteligencia Artificial ha estado hasta ahora impulsado por la disponibilidad de capital y capacidad computacional. Sin embargo, la actual crisis energética pone de relieve un factor estructural a menudo subestimado: la dependencia de la energía como recurso crítico.

Si la tensión geopolítica se prolonga y los precios energéticos permanecen altos, el sector podría enfrentarse a una fase de ajuste y en la ralentización de nuevos despliegues de centros de datos, revisiones en los planes de inversión y una mayor presión para avanzar hacia modelos energéticamente más eficientes.

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